La vida en las grandes ciudades transcurre entre grandes moldes de asfalto sobre lo que antes era hierba o tierra, alejando los árboles, ocultándonos el cielo… hasta el punto de que a pesar de ser conscientes de que las estaciones existen, a veces las consideramos como completamente ajenas a nosotros. Las vemos como algo externo que sólo afecta a la naturaleza, a las flores que se secan, las hojas que se caen, los verdes que dan paso a los ocres, naranjas y marrones… Nos olvidamos de que nuestro cuerpo también responde igualmente a los ritmos de una naturaleza cíclica y cambiante.

Como ya he comentado en alguna ocasión, mediante la alimentación establecemos una relación íntima con el alimento el cual sufre un proceso de transformación a través de nosotros. El alimento se transforma en nosotros, se convierte en parte de nuestras células. Nos aporta lo que tiene, su composición química y su energía. Si te paras a observar, a meditar en un espacio abierto, en el campo por ejemplo, observarás como es la energía allí ahora. Observa como es la energía de los árboles, de las plantas… del otoño. Es una época en la que predomina el agua en estado sólido, en escarcha, en hielo… concentrada en las raíces de las plantas al contrario que en primavera cuando el agua fluye por la superficie y todo se expande en forma de flores y vegetación. Pues de la misma forma, nuestro organismo también vive ese proceso. Poniendo consciencia en estos tiempos, podemos recibir una nueva energía e información de la Tierra e integrarlo en nuestra vida. ¿Quieres saber como puedes aprovechar esta información para obtener el máximo potencial de tu energía?

Información que nos trae el Otoño

Lo primero es ser conscientes de qué es lo más adecuado para mí en este momento. Es momento de siembra para poder recoger cuando llegue de nuevo el verano. El Otoño nos habla de interiorización (lo que estuvo arriba en su esplendor ahora vuelve a la tierra transformado). Los sonidos alegres del verano y el bullicio dan paso al recogimiento y la calma. El tiempo comienza a enfriarse sucediendo al calor. La claridad del día da lugar a más espacio de oscuridad en la noche. Si paseas por el bosque podrás observar como las plantas se recogen, parecen replegarse sobre sí mismas. Es como si las flores se hubiesen escondido en caparazones duros y prietos, algunas hasta adentrarse de nuevo en las entrañas de la Tierra de la que provienen convirtiéndose en semilla. Los árboles se desprenden de sus hojas, pareciendo que mueren pero sólo se transforman en un rico mantillo de nutrientes que dará lugar a nuevas especies. Es época de interiorización, de integración.

Observándonos a nosotros mismos nos damos cuenta de que nos apetece pasar más tiempo en casa, junto al calor de la familia, de los amigos y alejarnos del “mundanal ruido”, del jaleo y las fiestas veraniegas. Es momento de dedicarse a fundirse en la lectura y el estudio, de “adentrarse en los adentros”, de vivir hacia el interior en lugar de para el exterior. Nuestro organismo, por lo tanto, también requiere de una preparación para el nuevo ritmo de la estación con el que atraviesa profundos cambios físicos y anímicos por la falta de luz. En esta época del año el cuerpo tiende más hacia el cansancio, el decaimiento, la falta del tono en la piel e incluso en los músculos, hay mayor tendencia a “retener líquidos”, aparecen numerosas afecciones de tipo respiratorio, nos bajan las defensas… ¿Recuerdas cómo lo has vivido en épocas anteriores? Te compartiré algunas recetas por si quieres vivirlo este año de forma diferente.

Lo que nos dicen otras Tradiciones culturales.

La Bioenergética del alimento a través de la Medicina Tradicional China nos habla de un momento que evoca el elemento Tierra, “el soporte físico y estructural para que las otras fuerzas se manifiesten”. A nivel fisiológico, se relaciona con la Bioenergética del Bazo-Páncreas que es el responsable de la transformación de alimentos en nutrientes, de su correcta asimilación y de extraer todo su potencial energético para generar una sangre sana fuerte y nutrida. Gobierna la masa muscular, su buen tono muscular y la capacidad de resistencia. A nivel humano por lo tanto, simboliza el espacio físico del Ser, es el encargado de nutrir y humedecer el organismo (a través de una buena distribución de los líquidos y de los nutrientes) para que el Ser se exprese y se manifieste en todo su esplendor. Se encarga de crear el soporte físico mediante el cual podemos expresarnos.

Es entonces, un buen momento para prestar especial atención a esta parte de nuestro organismo junto con los riñones, aprovechando los alimentos que la naturaleza (con su inteligencia habitual) nos provee en esta época del año. ¿Quieres saber cómo prestarle atención y fortalecer tu energía en esta época del año? Te daré 5 pautas que yo sigo en el cambio de estación y que me funcionan muy bien.

Ayuno y Desayuno

En muchas tradiciones se reciben los cambios de estación con curas depurativas: de este modo podremos aprovechar mejor nuestra alimentación otoñal, rica en antioxidantes que aumentan nuestras defensas, levantan nuestro ánimo y refuerzan nuestra fuerza vital. Diariamente ingerimos y producimos toxinas que, si nuestro sistema depurativo (Hígado, riñón, intestino) no funciona correctamente no puede eliminar, se acumulan en diferentes partes del organismo dificultando que la sangre lleve nutrientes reparadores a nuestros músculos y huesos. Esto es lo que puede degenerar en cansancio, resfriados, erupciones en la piel, estrés…

Para ello un hábito muy saludable que realizo desde hace años es tomar en ayunas un vaso de agua templada con el zumo de medio limón.

Pasados 10 minutos me tomo un buen desayuno otoñal para comenzar el día que consiste en un zumo o smoothie depurativo. Desde hace algún tiempo mi favorito es este:

Zumo depurativo de remolacha:

  • ½ remolacha
  • ½ manzana roja
  • 1 zanahoria
  • 1 rama de apio

La remolacha tiene un alto contenido en antioxidantes y ácido fólico lo que facilita que el hígado realice su función de eliminación, además es vasodilatadora mejorando la circulación y rica en hierro, tan importante para evitar anemias en esta época del año. La zanahoria y el apio facilitan el tránsito intestinal y ayudan también en la eliminación de toxinas.

Y 10 minutos más tarde tomo uno de mis desayunos favoritos que te describo a continuación

Porridge de avena:

  • ½ taza de copos de avena
  • ½ taza de leche de avena
  • 6 uvas rojas o frambuesas con arándanos
  • 3 nueces o puñado de pipas de calabaza
  • 1 cucharadita de cacao o canela.

La uva es rica en antioxidantes (gracias al resveratrol) al igual que las frambuesas con un alto contenido en vitamina C que fortalecen el sistema inmunológico y facilitan la detoxificación hepática. Además con las nueces o las pipas te aseguras un buen aporte de omega 3.

A media mañana puedes tomarte otro tipo de smoothie con alto contenido en clorofilas y pastos verdes pues también ayudará a eliminar las toxinas, depurar y fortalecer tus glóbulos rojos.

Almuerzo – Comida

Aprovecha para tomar al menos una taza de legumbres, garbanzos y alubias (rojas, negras, azukis, blancas o mungo) con verduras de temporada. De esta forma aportarás a tu organismo una buena cantidad de magnesio, hierro, calcio, zinc y otros minerales tan importantes para la buena salud de nuestros músculos y huesos en esta época del año.

Puedes comenzar con un entrante enzimático que fortalezca tu sistema inmunológico además de ayudar a preparar tu estómago para la digestión como es un caldo de verduras con una cucharada de miso o tomar un poco de chucrut.

Después de comer, en esta época me encanta tomarme esta sencilla a la vez que maravillosa infusión que descubrí en India:

Gingerlemon con Hierbabuena:

  • 2,5 cm de jengibre pelado y cortado en trozos.
  • Unas gotas de limón
  • 1 hoja o 2 de hierbabuena
  • 1 taza de agua hirviendo.

Colocar los ingredientes en una taza con colador de te, verter el agua hirviendo y esperar 10 minutos. Si te gusta el dulce puedes añadirle una hojita de estevia, miel o sirope de agave. ¡A mí me encanta tal cual! Es una infusión estupenda para tomar en otoño. Las maravillosas propiedades del jengibre antisépticas y antivirales unidas a la vitamina C del limón (que ayuda además a fijar el hierro de las legumbres) se convierten en un poderoso antibiótico para prevenir las afecciones virales. Y si le añadimos las propiedades de la hierbabuena obtenemos un poderoso digestivo.

Cena

Para la cena procuro tomar alimentos calientes. Me encantan las ensaladas para cenar pero he de reconocer que el estómago dispone de menor fuerza digestiva al finalizar el día, él también está cansado y no conviene hacerle trabajar en exceso poco antes de dormir. Es buen momento para reconstituir y revitalizar el cuerpo con aporte proteico. Opta por tomar un puré o unas verduras calientes asadas al horno aprovechando las hortalizas que nos trae el otoño como la calabaza, la berenjena, el calabacín… Su estructura fuerte, prieta y contenida nos habla de esta información otoñal a la que me refería al principio. Combínalo con pseudocereales como la quinoa, el amaranto o el trigo sarraceno que son todo proteína vegetal de fácil digestión.

Poniendo consciencia en estos tiempos de inicio de cambio de estación podemos recibir un nuevo impulso, recoger nueva energía e información de la Tierra e integrarlo en nuestro espíritu y en nuestra vida cotidiana. Interiorizando estos momentos podemos realizar siembras de intención para los meses siguientes antes de una nueva estación. Espero que hayas disfrutado de un estupendo fin de semana de otoño.

Namaste