Como decía Steve Jobs, “es sólo cuando miras atrás y unes los puntos que el camino recorrido tiene sentido”. Ha sido durante estos días de cueva, de reencuentro desde el silencio y la calma que he experimentado de nuevo la conexión con el origen, en mi caso el de hace cinco años cuando me diagnosticaron una “dolencia incurable” y “dependiente de los corticoides de por vida”. Fue entonces cuando decidí emprender el camino que me ha traído hasta aquí y del que me siento inmensamente feliz, orgullosa y satisfecha. El camino de sanarse (que no solamente curarse) de manera natural (siempre que sea posible y se esté a tiempo), no siempre es corto, ni fácil, pero en mi experiencia es seguro, duradero, liberador y muy reconfortante. Si algo he experimentado en mí es que cuanto mayor es la perseverancia en tratarse una y otra vez cada pequeña dolencia con lo que la naturaleza nos da, más rápido se recupera el cuerpo, antes reconoce la información y ubica cada mínima partícula allí donde necesita para repararse. Y es que siento que en el reencuentro del cuerpo con los remedios naturales sucede una magia alquímica de común-unión en la que esa planta, ese vegetal, esa esencia floral encuentra en nuestra sanación el camino de su propia proyección, la culminación de su misión de vida. Entender que cada ser vivo tiene su propia misión y que juntos culminamos aquello para lo que hemos venido es uno de los más bellos aprendizajes que uno puede experimentar a través de sus células. Nuestro cuerpo es fuerte, es sabio y reconoce lo que le es afín pero para ello es necesario aprender a observarlo, a amarlo, a escucharlo y como no, a ser infinitamente paciente. Si hay algo que aprendí es que las dolencias no desaparecen cuando uno quiere sino cuando el cuerpo necesita, y cada dolencia es un proceso que nuestro cuerpo necesita expresar. Sólo con el amor a nosotros, la escucha y la observación paciente es que lograremos resolver el proceso como si fuera un enigma o un koan japonés, pues con la resolución llegará el aprendizaje.

Paradójicamente de India me traje la dolencia y en India descubrí el remedio, encontrando en la Ayurveda una compañera de vida. Fue entonces cuando “comprendí” y es por ello por lo que me siento ampliamente agradecida a aquella experiencia. Desde entonces inicié este viaje alquímico, eligiendo como misión acompañar a otros a aprender a sanarse, no sólo acompañarlos a resolver su desequilibrio concreto en un momento puntual sino a aprender lo que yo he aprendido para que puedan encontrar una y otra vez el camino de regreso a casa, ese que nos lleva a sentirnos en equilibrio, plenos, rebosantes de salud, fuerza y Energía Vital.

Durante el mes de junio y julio, mantendré el servicio de consultas que me he animado a hacer en formato on-line, AQUÍ os dejo el link con el detalle completo del servicio. Después dedicaré el mes de agosto a un merecidísimo descanso para reencontrarnos en septiembre. Aprovecho para desearos que paséis un saludable y reparador verano.

Namaste