“La trascendencia de lo dual, la reconciliación de los opuestos, los contrarios que se juntan”, esta es una de las preocupaciones centrales de la psicología analítica de Carl Gustav Jung (1875-1961).  

Jung consideraba que la sociedad occidental de su tiempo se encontraba en desequilibrio, dando primacía al pensamiento y la sensación –funciones psíquicas asociadas culturalmente con el hombre- y desconociendo sin embargo, las funciones no racionales consideradas femeninas como la intuición y el sentimiento. Este desequilibrio podemos observarlo en la actualidad, en la que abunda una fe ciega en la ciencia para resolver los problemas fundamentales de la humanidad, un materialismo desbordado y una subestimación de los elementos considerados propiamente femeninos de la psiquis individual y colectiva.

En este sentido, a lo largo de la historia, se ha reconocido a la mujer con sus múltiples facetas y caracteres como un ser cambiante y complejo. Y lejos de aprovechar los múltiples beneficios de su personalidad multiforme, en los últimos tiempos se la ha denostado notablemente. Con la incorporación de la mujer al mercado laboral y los cambios sociales, la mujer en su intención de adaptarse y competir en un entorno eminentemente masculino, ha ido perdiendo su identidad femenina. Es decir, se ha ido perdiendo la “feminidad” de la psiquis colectiva. La mujer se ha ido desligando de sus caracteres esenciales, negando incluso su propia esencia femenina con el fin de “ser tratada” como un hombre para sobrevivir en el entorno socio-económico que estamos construyendo. Tengamos como ejemplo, la necesidad de adaptarse y llevar a cabo actividades que no tienen en cuenta el ciclo femenino, con independencia del cambio hormonal que supone y como le afecta física, mental y emocionalmente. Muchas de las múltiples cualidades femeninas difieren de la forma de expresión masculina por el hecho de habitar un cuerpo de mujer, viviendo todos los meses los aspectos relacionados con el nacimiento, el dolor, la muerte y la vida dentro del propio cuerpo. Mientras estas cualidades han sido negadas o relegadas a un segundo plano debido en gran medida a la presión social, la mujer se ha visto debilitada en sus diferentes roles, siendo fuente de su sufrimiento, desgaste y frustración.

Sin embargo, a lo largo de la historia, el Femenino colectivo ha ido desarrollando múltiples cualidades que radican en lo más profundo de su psique pese a que conscientemente no se las ponga de manifiesto. A partir de su estudio comparativo de los mitos, Jung llega a la conclusión de que el pensamiento mitológico en general describe las características del inconsciente en sus diferentes manifestaciones simbólicas. Para Jung las concepciones mitológicas describen, no el universo externo, sino el cosmos interno de la psique humana. Durante siglos, ha sido la mitología de todas las culturas, a través de la encarnación de las diferentes Diosas y divinidades la que ha mantenido vivas todas estas cualidades y talentos de la psique femenina, siendo la gran portadora de sus cualidades y trayendo hasta nuestros días los diferentes rostros y talentos de lo Femenino. Posteriormente fueron los cuentos populares, transmitidos de generación en generación los que han transportado todo el valor de esta psicología femenina que aún hoy podemos ir descifrando para entender mejor el papel de lo femenino en el orden de la humanidad.

Siendo conscientes de todo ello, es momento de trabajar la reconciliación con lo femenino, de equilibrar socialmente masculino y femenino haciendo aflorar y dando espacio de desarrollo a los aspectos esenciales de la feminidad. Afortunadamente, hoy en día, mediante las diferentes técnicas de dinamización que aplicamos los profesionales especializados como la integración de danza, música, trabajo corporal, meditación, el coaching y visualizaciones creativas (que son al fin y al cabo técnicas ancestrales grabadas en el inconsciente colectivo) podemos recordar estas cualidades y ponerlas de manifiesto para expresar un Yo más auténtico, libre y sin complejos. Reconocer cada una de nuestras facetas y cualidades e integrarlas en nuestro Ser supone disfrutar de sus atributos y talentos ofreciendo al mundo la mejor versión de nosotras mismas.

 

Autora: Minerva Tejero

Responsable de TAI Shala. Maestra de Yoga. Asesora Nutricional de Ayurveda. Instructora de Mindfulness. Coach Profesional. Facilitadora de entornos de aprendizaje y autodescubrimiento a través del cuerpo, la mente y las emociones. Especialista acompañando a personas a desarrollar hábitos que les reporten una mejor calidad de vida, mayor armonía y bienestar físico, emocional y relacional.

 

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